domingo, 24 de julio de 2011
Sorprendentes sorpresas
jueves, 14 de julio de 2011
The worst hangover ever
Abro los ojos, no sin un sobrehumano esfuerzo, pero lo logro. Intento incorporarme, pero cuando estoy a punto de erguirme me vuelvo a dejar caer debido al mareo que me vaticina que si me levanto tan rápido lo más seguro es que acabe cayendo de bruces en el suelo. Me paso índice y pulgar por los lagrimales y me quito las legañas. La más absoluta oscuridad me rodea, debo haberme vuelto a olvidar de dejarme la persiana levantada antes de acostarme, a saber a qué hora llegué anoche y como iría de nublado mi pensamiento para romper con mi ritual de cada día.
¿Acaso fue ayer un día como otro cualquiera?
Intento recordar que pasó anoche… No hay manera, he oído muchas veces casos de gente que no es capaz de recordar la noche anterior o que incluso llega a borrarla por siempre de su memoria, pero nunca había sabido lo que era. Lo cierto es que siempre soy capaz de recordarlo todo, se podría decir que por suerte, o desgracia, tengo una memoria privilegiada. Espero que alguien de los que estuvieran conmigo sea capaz de contarme todo lo ocurrido; empiezo a sentirme realmente agobiado… podría haber hecho cualquier cosa y ahora no acordarme de nada.
Joder, joder, joder. Es la última vez que bebo.
Iluso…cuantas veces habrás dicho eso, basta con pisar la calle para olvidarte de ello y volver a desmadrarte de nuevo. Pero bueno, ya habrá tiempo de pensar en lo que ha ocurrido y de rememorarlo si es posible, ahora tengo que intentar levantarme y tomarme una buena taza de café; tal vez con la mente más despejada todo se aclare.
Por segunda vez trato de incorporarme dándome un cierto impulso abdominal y haciendo fuerza con las piernas contra la cama mientras giro sobre mí mismo y oriento los pies rápidamente hacia el suelo, pero un error de cálculo unido a un nuevo mareo me hacen pisar mal y me caigo directo contra el suelo, en el último momento intento extender los brazos para evitar la hostia que estoy a punto de darme, pero las manos patinan en el suelo que se encuentra encharcado de un líquido viscoso, haciendo que el resto del cuerpo caiga aún más rápido.
No ha sido un error de cálculo capullo, esta cama es más alta que la tuya.
Una serie de pensamientos y fugaces interconexiones lógicas pasan por mi mente justo antes de que mi cabeza golpee de lado y fuertemente contra el suelo. De pronto noto como se me entumece toda la cara, dejando de sentir el contacto con el con el susodicho líquido pastoso y mis pensamientos se apagan.
domingo, 10 de julio de 2011
El comienzo de un nuevo fin
En primer lugar la "cita célebre" del día, viene de la mano de Kurt Vonnegut. El caso es que decidido a "presenciar" conversaciones en inglés sin salir de casa me decidí a comprarme un libro 100% en inglés, en este caso le tocó a "Generation A" de Douglas Coupland (uno de mis autores favoritos) hacía tiempo que tenia ganas de conseguirlo y no lo había encontrado en castellano...así que...
Que conste que he intentado vehementemente traducir dicha "cita" al castellano pero no encuentro palabras con las que expresar tan "emocionalmente" tanta "rabia positiva" como la que desprenden en la versión inglesa...qué más queréis, al fin y al cabo soy de ciencias ¿no?.
"Now you young twerps want a new name for your generation? Probably not, you just want jobs, rigth? Well, the media do us all such tremendous favors when they call you Generation X, rigth? Two clicks from the very end of the alphabet. I hereby declare you Generation A, as much at the beginning of a series of astonishing triumphs and failures as Adam and Eve were so long ago"
Kurt Vonnegut (Syracuse University - May 8, 1994)
No creo que haga falta decir nada sobre ello...
En otro orden de cosas, un poco de música:
Y finalmente, el ladrillazo de la primera entrada concluye con un texto propio de hace un par de años ya (así que nada de cuestionar mi modo de redacción ¬¬) que reencontré hace poco, es el principio de una historia que empecé y me gustaría retomar...se aceptan sugerencias xD
Aquí estoy, sentado en la silla del estudio; mi espalda, rígida como el granito, aprieta el respaldo mientras que con los pies hago presión sobre el suelo. La tensión acumulada provoca que una serie de gotas de sudor se derramen precipitadamente por mi frente resbalando por las cejas y fluyendo hacía mi barbilla donde se mezclan con las lágrimas, que me encuentro derramando en el transcurso de su trayecto. Dicha mezcla salobre forma un arco alrededor de mis labios y resbala mojando el cañón del revólver, la mitad del cual, se encuentra alojado en mi boca.
Firmemente amartillo el percutor y pongo el dedo gordo de mi mano derecha sobre el gatillo pero sin llegar a ejercer presión sobre él. En cuestión de segundos me sobreviene una angustia y noto como una arcada sacude mi pecho, automáticamente retiro el dedo gordo del gatillo, no estoy seguro de querer apretarlo todavía y sería un error hacerlo por un movimiento involuntario; siento como la angustia aumenta y retiro el cañón de la boca, me aparto a un lado y empiezo a sentir las contracciones abdominales que avecinan la expulsión precipitada del contenido de mi estómago y posteriormente un cóctel agridulce con ciertos matices salados formado por una mezcla de macarrones, cerveza y sangre tiñe el suelo como una especie de tapiz abstracto, dejándome un regusto entre amargo y ácido en la boca.
Una vez el mareo ya se me ha pasado del todo vuelvo a sentarme en la silla y me encañono de nuevo. Después de plantearme las diferentes formas de apuntarme he decidido que la mejor es la que estoy llevando a cabo puesto que la destrucción casi segura de la mayor parte de la masa encefálica provocará mi muerte instantánea. Repentinamente oigo como alguien golpea la puerta del estudio.
-Cariño, ¿Qué te ocurre, te encuentras bien?
La voz de mi madre me saca instantáneamente de mi ensimismamiento y me hace replantearme por un momento la situación.
-¿Te pasa algo? ¿Puedes abrir la puerta?- La segunda pregunta suena como una orden directa, por su tono de voz da a entender que no tiene ganas de bromear.
Definitivamente me decido a acabar rápido con la situación, de todos modos conforme apriete el gatillo podrán llorar todo lo que quieran junto a mi, aporrear el suelo, clamar al cielo o buscar un culpable; pero eso no cambiará nada y en cualquier caso y para suerte mía no tendré que soportar dicho “paripé”.
-¡Ya está bien, abre la puerta inmediatamente!- A este grito le siguen una serie de golpes propinados a la puerta para despejar la duda de que no le hace ningún tipo de gracia la situación que se le presenta.
-¡Hazle caso a tu madre, abre la jodida puerta o te arrepentirás seriamente!
Este desarrollo precipitado de los hechos me provoca aturdimiento, que es lo que menos necesitaría en una situación como ésta. Intento reflexionar un instante y lo único que consigo es esbozar lo más parecido a una sonrisa que puedo llegar a formar en mi situación actual, me hace gracia imaginar el cambio que provocará en su enfado actual el ver que me he volado la tapa de los sesos cuando consigan derribar la puerta. Tal vez sea cierto que el humor es lo único capaz de mantenernos vivos y acompañarnos hasta el momento mismo de la muerte, en estos momentos mi humor negro es capaz de aislarme en una pompa de ironía al imaginar los sentimientos enfrentados que tendrán que confrontar cuando se enteren de toda la verdad.
Así pues, ya convencido, vuelvo a amartillar el percutor y reposo el dedo gordo de nuevo en el gatillo mientras que con fuerza a modo de calmante muerdo con todas mis fuerzas el cañón hasta notar como unos de mis dientes se quiebra de la fuerza ejercida. Un instantáneo calambrazo de dolor me sube por las encías provocándome un molesto a la par que gracioso hormigueo en la parte baja de la nariz y traduciéndose en una inyección de dolor directa al cerebro que me nubla la vista.
A todo esto mi nerviosismo me permite oír, aunque muy lejanos, como si se tratará de la televisión de una pareja de ancianos vecinos; la serie de puñetazos y patadas que mi padre realiza contra la puerta, la cual no van a conseguir abrir ya que se encuentra asegurada por la cerradura y reforzada por una silla puesta a modo de traba, preparada por si una situación similar a esta se daba.
Finalmente empiezo a pensar en lo que importa, esa serie de condiciones que me han llevado a estar aquí sentado con una pistola en la boca a punto de pintar la pared con mis sesos. Tal vez sea verdad eso que dicen y pueda rememorar todo lo acaecido el tiempo suficiente como para arrepentirme una vez más de aquello que hice, pero bueno…¿acaso podía haber actuado de otra forma? Sí…siempre existe alternativa, en tal caso puede que alguien hubiera acabado el trabajo por mi hace ya tiempo y no me tocase estar ahora aquí pasando este mal trago.